Si tu carta de despido habla de una conducta tuya —no de la situación económica de la empresa—, estás ante un despido disciplinario. Y aquí el peso de la prueba recae sobre la empresa, no sobre ti.

Las causas más habituales

La ley recoge varios motivos que pueden justificar un despido disciplinario: faltas repetidas e injustificadas de asistencia o puntualidad, indisciplina o desobediencia, ofensas verbales o físicas, transgresión de la buena fe contractual o abuso de confianza, disminución continuada y voluntaria del rendimiento, y la embriaguez habitual o toxicomanía que repercuta negativamente en el trabajo.

Lo que hace fuerte —o débil— una carta disciplinaria

No basta con alegar una de estas causas: la empresa tiene que describir los hechos concretos, con fechas, de forma suficientemente detallada para que puedas identificar exactamente qué se te reprocha. Una carta genérica ("bajo rendimiento reiterado", sin más detalle) es mucho más fácil de cuestionar que una que documenta fechas, hechos y, si los hay, avisos previos.

La proporcionalidad importa

Incluso si el hecho alegado es cierto, el despido tiene que ser una respuesta proporcional a su gravedad. Un incidente aislado y menor tratado con la sanción máxima —el despido— es precisamente el tipo de situación donde más conviene una revisión profesional.

Qué mirar en tu propia carta

Si algo de esto no cuadra, no significa automáticamente que ganes una reclamación —pero sí que tu carta merece una segunda mirada antes de darla por buena.

Fuentes

Textos consolidados en el BOE y EUR-Lex. Cómo elaboramos y revisamos este contenido: política editorial.

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Este artículo es información general y no constituye asesoramiento jurídico sobre ningún caso concreto. Si tu situación lo requiere, consulta con un profesional colegiado antes de que tu plazo avance.